AIRE: Mi relato para el concurso de relatos cortos del Hospital Dr. Negrin

A finales del año pasado, en mi hospital convocaron un concurso de relatos cortos para estimular las relaciones interpersonales y los encuentros entre el personal del hospital.

No pude dejar pasar esta oportunidad de unir trabajo y escritura.

Fuimos pocos los que nos animamos a presentar nuestros relatos, pero nos trataron muy, muy bien.

Considero una propuesta enriquecedora que las empresas se dedique a unir a sus trabajadores en torno a la cultura y la literatura.

Aquí tienes mi relato.

Espero tus comentarios.

Aire, relato corto concurso Hospital Doctor Negrín
Esta imagen, inspirada en mi relato, es uno de los regalos que nos hicieron a cada uno de los participantes.
Un detalle que me encantó.

 

AIRE

Me di cuenta de pronto que no tenía cuerpo. Yo, un tío muy pasado de peso, con dolor en las dos rodillas, que cojeaba por eso y por una antigua fractura de tobillo que no había curado bien, de repente no solo no sentía dolor, sino que no podía ver ni tocar su propio cuerpo.

La sensación era muy extraña porque podía ver todo lo que me rodeaba, escuchar los sonidos y notar el movimiento de los árboles, los pájaros y los insectos de aquel pequeño bosque. Seguía siendo yo, pero sin mi cuerpo.

En un primer momento la confusión y cierto pánico se apoderaron de mí. Si hubiera tenido cuerpo, seguro que habría notado el sudor en la frente y el corazón acelerado. ¿Qué me estaba pasando? ¿Me habría muerto?

La de la muerte fue mi primera teoría.  Para confirmarla empecé a buscar a mi alrededor mi propio cuerpo. Quizás al morir lo habría abandonado en algún lugar cercano y ahora era un alma a punto de entrar en el consabido túnel de luz.

Como no encontré mi cuerpo, comencé a buscar el túnel, pero tampoco vi nada parecido. Mi primera teoría pareció no confirmarse, por el momento.  Y, si no estaba muerto ¿qué me estaba pasando? Mientras le daba vueltas al tema en mi mente, me invadió una sensación de paz muy agradable, que me sacó de aquellos pensamientos que empezaban a agobiarme. Aquella sensación se apoderó completamente de mí. Me sentía flotando, ligero, muy ligero, como un gran globo lleno de helio que se eleva hacia el cielo. Por un momento, la idea de mi fallecimiento volvió a cobrar fuerza. En vez de andar por el túnel, estaría siendo ascendido hacia el cielo. No me hacía gracia morir tan joven, pero me encontraba tan a gusto que pensé en dejarme llevar. En algún momento atravesaría la atmósfera terrestre y me vería frente a Dios o a Buda o alguna divinidad de esas. Nunca he sido religioso, pero tal y como se estaba desarrollando aquella extraña situación, me pareció lógico pensar que esa sería la siguiente escena en la que me encontraría.

Pues no. De nuevo me equivocaba.

Nunca abandoné la tierra, ni atravesé la atmósfera. Pero me percaté de que estaba volando. No tenía libertad para cambiar de dirección a voluntad, pero podía volar. Instintivamente, busqué mis alas. Para volar necesitaría alas. Pero tampoco pude encontrarlas. Ya no era yo y tampoco era un pájaro. Entonces ¿qué me estaba pasando? Cuando me disponía a sumergirme en otras de mis teorías, oí que alguien me llamaba chasqueando la lengua.

-Chuss, chuss…-

Miré en todas direcciones pero no vi a nadie.

-Chuss, chuss…- de nuevo, más cercano.

- Ahora eres aire- susurró una voz- Solo tienes que fluir-

Tras oír lo que aquella voz desconocida me dijo, noté que me movía más rápido hacia abajo. Sentí vértigo. Si hubiera tenido un cuerpo,  sin duda habría vomitado. Cuando parecía que me iba a estampar contra el suelo, todo a mi alrededor se tornó de color verde intenso. Me encontré siendo llevado por una especie de tubos verdes a toda velocidad. Aquello me recordó a cuando me lanzaba por los toboganes de un parque acuático para acabar  estampándome contra el agua.  De forma instintiva, me preparé para aquel impacto, pero no hubo ninguno.

Durante un largo rato todo continuó igual, verde y veloz. ¿Dónde me habría metido ahora? El olfato  fue el que me dio la respuesta. Resultaba curioso porque no tenía cuerpo, pero mis sentidos estaban muy agudizados. Olía a hierba. Mi nueva teoría era que estaba dentro de una planta. Si la voz tenía razón y ahora era aire, estaría ayudando a la planta a realizar la fotosíntesis.

- ¡Guauuu!-  pensé- ¡ayudando a hacer la fotosíntesis!- Aquello me pareció tan extraordinario como poco probable. Así que una nueva idea se apoderó de mí; estaba teniendo un sueño. Esa era una teoría muy plausible, la más sencilla, ahora que lo pensaba. Claro, estaba dormido y soñando. ¿Cómo no se me había ocurrido antes? En breve sonaría el despertador y ahí estaría yo con mis kilos de más y mis insufribles dolores matutinos.

Me pareció que oía sonar mi despertador cuando fui expulsado al exterior. El verde desapareció y fue sustituido inmediatamente por un rosa pálido. Había cambiado el color, pero la velocidad no disminuyó en absoluto. Si de verdad me había convertido en aire, supuse que ahora habría entrado en los pulmones de algún animal. No tenía forma de comprobarlo, así que me dejé llevar por aquel impulso desconocido.

De los pulmones pasé a la sangre, así que supuse que sería oxígeno, la parte del aire que usan los organismos para nutrir sus células. Recordaba eso muy bien de la clase de Ciencias Naturales de la señorita Margarita. El rosa de los pulmones había quedado atrás. Ahora me rodeaba el rojo más vibrante que había visto en mi vida. Ya no volaba, estaba navegando por la sangre, embarcado en un viaje que nunca se me había pasado por la cabeza emprender, ni siquiera cuando veía con mis primos los episodios de “Érase un vez la vida”. Pero allí me encontraba, convertido en oxígeno por no se sabe qué extraño sortilegio, siendo llevado por la sangre hacia alguna célula. No podía hacer nada por salir de aquella situación, no podía lograr que el despertador sonara o despertarme a voluntad, de modo que decidí hacer caso a la voz y dejarme llevar. Tomé la actitud de un viajero en una barcaza a punto de arribar a una isla desconocida.

Ya más tranquilo, siendo mecido en mi balsa de hematíe, me pregunté a qué tipo de célula me tocaría oxigenar. ¿Al riñón, al corazón, a un músculo o, tal vez a un neurona?

-Guauu, me encantaría entrar en una neurona-pensé y, recordando otra vez las clases de Ciencias Naturales, me pregunté si dejaría de ser oxígeno para pasar a formar parte de algún compuesto metabólico. Aquel pensamiento no me gustó. Apenas le estaba cogiendo el truco a aquello de ser aire y ¿ya iba a dejar de serlo? Pero, si iba a fluir, tendría que hacerlo con todas sus consecuencias, concluí.

No había nada que me lo indicara, pero estaba convencido de que iría a parar a una neurona. Me preguntaba cómo me sentiría dentro de una célula gris, ¿sería capaz de ver algún pensamiento? Eso sí que sería una experiencia alucinante. 

Dentro de la neurona no encontré chispazos, ni corrientes moviéndose, tal y como yo me había imaginado. Por el contrario, me sentí muy relajado, dejándome llevar por fin. Y entonces sucedió. Pude ver un pensamiento.  No sabría explicar cómo me hice consciente de él. No aparecieron ante mi letras, ni bocadillos en forma de nube como en los cómics que leía de pequeño. Simplemente lo vi.

-Despierta- decía.

Enseguida escuché mi despertador con su odiosa melodía, abrí los ojos sobresaltado y allí estaba,  boca arriba, en mi cama.  Antes de caer en la cuenta de que todo había sido un sueño, mi dichoso dolor de rodilla me dio los buenos días.

 

 

 

Comenta esta Entrada

4 comentarios en «AIRE: Mi relato para el concurso de relatos cortos del Hospital Dr. Negrin»

  1. Pasados varios intentos esta vez, sí que puse los pies en el suelo y me fijé claramente en tu aire sentado en el glóbulo rojo acomodado en la neurona y no en el el mío que había ido fraguando y fue entonces que yo también vi "el pensamiento" y luego ya esta vez en mi sueño, seguí viendo pensamientos, unos de un color y otros de colores diferentes.

    No se si acerté, pero si no, he disfrutado del relato, vivido un grato tiempo de reflexión.

    Responder
    • Me alegro de haber propiciado que imaginaras y soñaras cómo viajabas, subido en tu glóbulo rojo hacia el cerebro. Por cosas como esta es por las que me gusta escribir. Gracias Carlos

      Responder
  2. Enhorabuena, me encanta como narras un sueño, donde como y así parece en ellos se divaga, las interpretaciones del subconsciente con el pragmatismo de la conciencia, y donde todo termina, con un "riiiiing" de vuelta a la realidad

    Responder

Deja un comentario

Comparte esta Entrada

Share on facebook
Share on whatsapp
Share on twitter
Share on linkedin
Share on telegram
Share on email

Contacta

Te puede Interesar ...

ÚTEROS, DOLOR Y VIDA

Siempre me ha fascinado todo lo que ocurre dentro de los úteros. Son lugares mágicos y misteriosos donde conviven el dolor, el placer y el

Leer más»