El relato ganador del concurso "Atrapa desde el principio con Storytelling"

Hoy te traigo el relato con el que gané el concurso"Atrapa desde el principio con Storytelling" de la empresa Triunfa con tu libro, allá por el 2018.

Se trataba de escribir con menos de 200 palabras un texto que incitara al lector a seguir leyendo, usando la técnica del Storytelling.

Pero vamos por partes. Puede ser que te preguntes:

¿Qué es el storytelling?

Se trata del viejo arte de contar historias, historias que interesen al lector, que le atrapen y le lleven a seguir leyendo hasta satisfacer su curiosidad. Como explica Carlos Salas ( uno de los promotores del concurso) en su libro "Storytelling, la escritura mágica" , cuando escuchamos una historia, en nuestro cerebro se dispara la producción de dopamina, un neurotransmisor que estimula nuestro interés, . Lograr que se aumente la producción de esta sustancia en las primeras líneas de un texto garantiza que el lector no abandone su lectura.

El texto del concurso podía ser el comienzo de cualquier documento como un libro, una presentación o un comunicado. Yo me decidí por el inicio de un relato, que te dejo a continuación.

Al señor Sánchez no le quedaba mucho de vida, dos meses a lo sumo. Su sarcoma había avanzado implacable, pudriéndole los huesos y produciéndole dolores insoportables. Cuando yo lo conocí, necesitaba grande cantidades de morfina para sobrellevar el dolor, al igual que la mayoría de mis pacientes.

Confieso que al principio no me gustó la idea de trabajar en una unidad de cuidados paliativos, pero con el tiempo me di cuenta de que era donde mejor podía llevar a cabo la misión que Dios me tenía encomendada..

Me caía muy bien el señor Sánchez y la idea de ayudarle a morir dignamente me llenaba de orgullo.  Esa misma noche pensaba inyectarle varias unidades de insulina, que junto a sus somníferos habituales le ahorrarían dos meses de desagradables e inútiles molestias. Lo había hecho ya muchas veces. Era sencillo y rápido. Pero lo que pasó aquella tarde me hizo dejar de lado mis planes, al menos de momento.

¿Qué tal? ¿He logrado que tu cerebro segregue dopamina?

La mayoría de los comentarios hacían pensar que lo había logrado, que había despertado el interés y la curiosidad de los lectores. Muchos me pidieron que terminara la historia. Querían saber qué había pasado aquella tarde.

Si te soy sincera, escribí la historia pensando solo en el pincipio, en esas 200 palabras dirigidas al objetivo que pedían en el concurso. No me había planteado nada más allá de ese comienzo. No tenía ni idea de qué era lo que había pasado aquella tarde. Pero ante la peticion popular, me comprometí a ofrecerles una historia completa. Aquí la tienes.

Cuando entré en su habitación para administrarle la medicación del mediodía, me dijo, con voz entrecortada:
-Sé que me queda muy poco. Pero daría lo que fuera por ver a mi hijo una última vez-me sorprendió la claridad al expresar su deseo. Hasta aquella misma mañana no era capaz de unir dos palabras de forma coherente.

Aquella última voluntad del moribundo me perturbó hasta tal punto que concentré todos mis esfuerzos en localizar a su hijo. No me resultó nada fácil. Su teléfono no figuraba en los contactos que su familia nos había dejado. Su mujer me explicó que llevaban muchos años sin hablarse, que su hijo se había ido a vivir a otro país y que ella lo mantenía informado de las cuestiones familiares.

Fue a la mañana siguiente cuando la esposa del Señor Sánchez me comunicó que su hijo no quería ver a su padre por última vez. Se la notaba muy consternada por la situación. Tuve que consolarla durante un buen rato.
Ahora que nada se podía hacer para cumplir el último deseo de mi paciente, seguiría adelante con mi postergado plan. Lo llevaría a cabo esa misma noche.

Me costó trabajo conseguir los viales de insulina, porque la supervisora, que no lo hacía jamás, se había quedado a trabajar hasta tarde. En cuanto abandonó la planta por un momento, me hice con ellos. Los tomé en la palma de una mano y me sorprendía a mi mismo acariciándolos. “Lo que te cura también te puede matar”, pensé.

Cuando llegué a la habitación, el Señor Sánchez estaba solo, dormitando. Decidí no despertarlo. Así sería todo más sencillo. Cuando estaba a punto de cargar la medicación, oí que decía con toda claridad:

-Martín, Martín, ven -

Debía de referirse a su hijo. Estaría soñando con él o recordándolo en su duermevela.

Foto tomada de www. cuidateplus.marca.com

Me paré un momento a pensar en lo irónico de la situación. Media vida sin hablarse y ahora lo llamaba en sueños. Nunca sabría el señor Sánchez que su hijo no lo quería volver a ver, ni en su lecho de muerte. También me sorprendí a mi mismo, por segunda vez esa tarde, preguntándome qué demonios habría pasado entre este hombre y su único hijo para que le hiciera tal desplante. Sacudí la cabeza para ahuyentar aquellos pensamientos inútiles para mí y concentrarme en mi cometido. Colgué el recipiente con el líquido transparente que acabaría con todos los problemas del Señor Sánchez de una vez por todas y, cuando estaba a punto de conectarlo a la vía que tenía en su muñeca derecha, la supervisora irrumpió en la habitación acompañada de dos agentes de seguridad del hospital.

-¿Qué vas a hacer, Roberto?- me preguntó, como si ya supiera la respuesta.

-Mi trabajo- contesté, disimulando mi contrariedad lo mejor que pude.

-Apártate de ese hombre y dame eso- dijo mientras se acercaba y me arrebataba de las manos la medicación- Estos señores te acompañarán hasta el control de enfermería- añadió, tratando de parecer serena, mientras reprimía la rabia y desaprobación que se reflejaban en su cara.

Yo no pronuncié ni una palabra más. Miré a los agentes y luego bajé la cabeza.

Ya en la cárcel, supe que la cantidad de muertes prematuras que se daban al final de mis turnos habían llamado la atención de mi supervisora, que llevaba meses vigilándome.

 

¿Qué te ha parecido?

¿Sabías lo de la dopamina?

Espero tus comentarios

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4 comentarios en «El relato ganador del concurso "Atrapa desde el principio con Storytelling"»

  1. Muy buen final para tan interesante principio, pero has vuelto a crear otro. ¿ que problema hay entre el padre y el hijo? Me da q vas a tener q escribir un libro para terminarlo jejejjejejej

    Responder
  2. Agradecimiento como ser humano hacia el sanitario por la enorme empatía, a pesar del riesgo que suponía su acción por otro ser vivo que sufría y que de no mediar su actuación, tendría un profundo dolor físico y mental.

    Responder

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