Hijas de La Bruma

LA NUEVA NOVELA DE CORALIA QUINTANA

ORIGEN DE LA NOVELA:

Se trata de un homenaje a todas las mujeres españolas que crecieron durante la Guerra Civil Española y la dura posguerra, que vieron como todos sus anhelos se ahogaban en un mar de normas y convecionalismos, en pos de una sociedad que las consideraba trabajadoras sin sueldo e hijas de sus maridos, sin derechos propios y sin otro futuro que el matrimonio, la maternidad, la casa y la iglesia.

Se la dedico a todas aquellas mujeres que fueron nuestras abuelas y nuestras madres, que no pudieron elegir su vida y, a pesar de ello, nos enseñaron a elegir la nuestra.

La novela se puede enmarcar dentro del género de Novela Histórica. Está ambientada en un pueblo de una isla canaria (que no se nombra pero se adivina) durante el inicio de la Guerra Civil y la posguerra.

SINOPSIS

A Lucía González la isla donde vive se le empieza a quedar muy pequeña. Sus sueños y las lecturas que los alientan la llevan a otros lugares, lejos del cortijo y las duras faenas del campo.

Pero, si ya es difícil para una muchacha de las medianías isleñas llegar poco más allá del lugar donde se crio, para Lucía se convierte en un imposible cuando comienza la Guerra Civil.

El conflicto traerá profundos cambios a la vida de la protagonista, que verá como sus anhelos de estudiar y conocer el mundo se ven frenados por la dictadura y sus planes para las mujeres españolas.

Pero su temperamento inconformista la llevará a rebelarse contra un destino impuesto mientras tiene que enfrentarse a graves acontecimientos que pondrán a su familia en peligro.

PRESENTACIÓN DE HIJAS DE LA BRUMA POR YERAY RODRÍGUEZ

            No fue una casualidad que esperara a estar en Artenara para leerme por primera vez Hijas de la bruma. Fue hace más de un año. El fin de semana del día de Los Santos del año pasado lo pasé en las entrañas de la tierra atrapado por las páginas que Coralia me confió mucho antes de que fueran a parar al libro que hoy felizmente presentamos. Y no fue ni mucho menos una casualidad leerlo precisamente allí y precisamente en esas fechas en las que tenemos, más presentes que nunca, a los que nos enseñaron a amar una tierra que los extraña. Ese espacio, que se estira como la bruma por el barranco hasta Fontanales y su belleza verdísima, y esas gentes, que son de uno y otro barranco, son las que enhebran las páginas de una novela que, por cuanto cuenta, por cómo lo cuenta y por quién lo cuenta, siento como extraordinariamente familiar. Y no es este, créanme, un juego de palabras gratuito. Quiero pensar, por encima de otra circunstancia, que por eso he sido convidado a compartir con ustedes este bautizo; porque lo que cuenta Coralia en las páginas de Hijas de la bruma es la historia de los nuestros, o, mejor dicho, de las nuestras, y más concretamente de las mujeres valientes que se atrevieron a ser ellas mismas cuando no había más remedio que ser una más. Me cuesta mucho despegarme emocionalmente de una realidad que siento demasiado cerca, así que prefiero hablarles como uno más de los que ha dormido en cuevas, ha guardado cabras y ha sacado papas del fondo del barranco, porque, por fortuna, los libros no se escriben para los profesores de literatura sino para los lectores, y cuando los lectores, además, son parte del paisaje que leen, no pueden hacer otra cosa que desenvolverse entre las páginas como quien regresa a casa por un camino conocido.

            Coralia ha escrito esta novela para mostrarnos que es tan valiente como su protagonista. Primero por atreverse a escribirla; por ser capaz de batallar con la página en blanco, con sus recuerdos, sus querencias y sus sueños, para echar a andar por caminos de tinta y renglón a unos personajes que estaban esperando por ella; después por haber ido a buscar esa historia en los paisajes más suyos, los que la anclan a su propia historia. Ella, que recorrió la isla con sus padres, en una trashumancia circular que siempre vuelve a casa, se queda con los rincones que su memoria mejor conoce, porque la memoria, bien se sabe, no es solo nuestra, es de los que nos precedieron tanto como de quienes nos sucederán. Y en ese paisaje de la memoria, que se escribe como una forma de habitarlo, hay cortijos y cencerras llenando el silencio, perros pastores y cazadores, bestias y albardas, manos que aprietan el queso, matos y paredes de piedra seca, montañas que entretienen los alisios y que se dejan querer por la bruma y otras que la miran desde arriba, deseándola, pidiéndola. También es un enorme acto de valentía contar desde abajo la historia de los de abajo, que en esta isla son los que viven arriba, en el entorno rural donde resisten tantos valientes que siguen ordeñando la tierra para que todos comamos. Y también es valiente asumir que esos personajes hablen, sienten y vivan como hablaron y hablan, sintieron y sienten, vivieron y viven los que dan sentido a ese paisaje, los que nunca han visto una cigüeña y creyeron que ellas eran las que hacían crecer la familia, los que vieron crecer su vida en un barranco, los que aprendieron las cuatro reglas con las heroicas y los heroicos maestras y maestros de escuela, los que vieron partir a tantos y quizá un día también partieron de aquel paisaje increíble. Un paisaje de la palabra dicha al que fueron llegando los libros que nos hacen libres, los que nos dicen, como bien saben la protagonista y la autora, lo que nadie se atreve a decirnos, porque esa historia que amamos y de la que venimos, tenemos que quererla como es, también con sus oscuridades y sus muchas sombras.

            Pero la mayor valentía de Coralia en esta obra es dar voz a las mujeres libres, que se atrevieron a su propio camino y su propio horizonte, que trataron de escapar del guion que otros habían escrito para ellas y quisieron que todo se pareciera a sus deseos antes de que el telón de sus vidas cayera. Mujeres valientes que se atrevieron, sin saberlo, a la sororidad que hoy se pregona y se necesita y que, como la protagonista, sabían que podrían llegar el marido y los hijos, pero que no iba a hacer por ir en busca de ellos. La Guerra, que atraviesa el relato como atravesó las vidas de los que nos precedieron, enseñó a los hombres buenos y nobles que también cruzan por las páginas de Hijas de la bruma, que sobre el cuerpo de las mujeres se libraba otra batalla más fiera, que sigue sin ganarse todavía.

            Como podrán imaginar, son muchos los nombres, los recuerdos, las vivencias, que se agolpan en el corazón al desgranar las páginas de esta novela que hoy nos presenta Coralia. Coralia Quintana Ramos, un nombre y dos apellidos que van desde El Nublo hasta Corvo como la bruma traviesa que sube barranco arriba o rebosa por la cumbre. Cada uno tendrá sus nombres, sus recuerdos… cada uno pondrá un rostro distinto a los protagonistas y a los paisajes, pero todos, absolutamente todos, nos dejaremos llevar por la historia de una mujer que, como los que habitan las alturas de esta isla nuestra, sabe que la bruma enturbia la vista para que sin embargo lo acabemos viendo todo más claro. 

ARRORRÓ DE HIJAS DE LA BRUMA

Duérmase mi niña chica,
que su padre no está aquí
que está luchando en la guerra
y ya pronto ha de venir
Arrorró, niña de Bruma
niña de leche y de sal,
que el sueño le quite el hambre
que yo la aparto del mal
Arrorró, Arrorró
Letra adaptada por Gemma Quintana
Interpretado por Cristina y Alicia Ramos

LAS DÉCIMAS DE HIJAS DE LA BRUMA

Gracias Coralia por dar voz
a las protagonistas
de todas esas conquistas
que nos hacen ser y estar.
Gracias por escriturar
nuestras vidas, nuestra historia.
Gracias por la trayectoria
que harás con paso seguro
y por llenar el futuro
de raices y memoria.
Gracias por darnos la Bruma
que entre nosotros se halla
al igual que nos da en la playa
el mar un baño de espuma.
Gracias por darnos la suma
de tus hermosos caudales
y porque no son casuales
los horizontes que dan
esos caminos que van
de Artenara a Fontanales.
YERAY RODRÍGUEZ

SOMOS HIJAS DE LA BRUMA

Folías al oído (a través del móvil)

Coralia contó una historia

que viene a ser un reflejo

 de nuestra propia memoria

 Su hermosa dedicatoria

el corazón nos perfuma

 ya que somos la suma

de las vidas que habitamos

y es que como Carmen Ramos

Somos Hijas de la Bruma

La opinión de los lectores

"Con un estilo sencillo y un lenguaje cercano, empleando términos propios de nuestra idiosincrasia, la autora nos regala geniales descripciones de los espacios y costumbres de la época, haciendo de la lectura una experiencia que cautiva y conmueve según avanza la trama. Las vivencias de la protagonista me han hecho poner en su piel desde el principio, compartiendo sus inquietudes y ansias, haciéndome reflexionar sobre la evolución del papel de la mujer en nuestra sociedad en este último siglo. Me ha hecho disfrutar muchísimo."

Jorgina Lantigua

"Hijas de la Bruma es una novela histórica que estremece desde el primer párrafo. Una historia de mujeres en la posguerra rural canaria, escrita por una mujer, en la que la realidad de los recuerdos vividos se va entrelazando con una cuidada ficción literaria. Lucía remándose en el columpio que le fabricó su padre en un árbol es una imagen que se graba en la memoria del lector. Las Hijas de la Bruma nunca habían visitado la capital , ni visto el mar de cerca. Es hora de conocer su historia."

Santiago Aragoneses

"Una novela con un buen título, que te atrapa desde las primeras páginas, sugerente y con un reflejo exquisito de la sociedad de la época"

Samuel Ramos

"El día que tuve la oportunidad de leer  Hijas de la Bruma, he de decir que ya solamente el título me atrapó, pero no pensé que me iba a sentir tan enganchada con este relato, hasta el punto de tener que obligarme a parar. Maravillosa la manera de describir los sentimientos de los personajes, el entorno en el que viven y el escenario histórico y social en el que se desarrolla la trama. Maravillosa la manera en la que enseguida empatizas con cada uno de sus personajes, lo cual hace realmente fácil devorar con avidez cada una de sus páginas".

Cristina Ramos

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