Ser no-Covid en tiempos de Covid

La enfermedad y el aislamiento atenazan por igual

Mi profesión siempre ha sido inpiradora para mi.

En esta ocasión, desde el Colegio de Fisioterapeutas, nos pidieron que contaramos nuestras experiencias en estos tiempos de pandemia. Yo decidí hacerlo en forma de relato, que es además una reflexión. Aquí lo tienen.

Cuando por fin te despiertas, solo recuerdas que te dolía mucho la barriga y alguien te sugirió que fueras a Urgencias.

Miras alrededor y no ves nada que te resulte conocido, no oyes ningún ruido familiar. Tal vez sea solo un sueño. Notas algo raro en la boca. Te duele un poco la tripa aún. ¿Dónde estoy? Pasa un rato y empiezas a sudar, la garganta te duele, quieres moverte pero tu cuerpo no te responde.

Llegamos a tu habitación justo antes de que empieces a gritar y zarandearte. Unas  aparatosas mascarillas nos ocultan el rostro. Sólo puedes ver nuestros ojos. Tratamos de calmarte explicándotelo todo con calidez, con cercanía. Lo hemos hecho miles de veces, aunque sabemos que ahora algo ha cambiado. Estás en Cuidados Intensivos, José, te operaron de la vesícula, pero hubo una complicación con tus pulmones y tuvimos que ayudarte a respirar con una máquina… Tranquilo, ahora estás mejor, pronto te quitaremos el tubo.

Tú no entiendes nada. ¿Un tubo para respirar? ¿En Cuidados Intensivos? ¿Dónde está mi mujer? Tratas de hacernos todas estas preguntas, pero el puñetero tubo no te deja. No te entendemos. Empiezas a desesperar. Te pedimos que estés tranquilo. Tranquilo, si, como si fuera tan fácil. Te contamos que tu familia está en casa al tanto de todo, que hablamos con ellos todos los días por teléfono.

¿Por teléfono? Pero ¿por qué no vienen a verme? No entiendes nada de lo que está pasando. Adivinamos tus dudas. Porque el hospital no permite visitas. Es por el coronavirus, te decimos, con algo de amargura en la voz .

Empiezas a recordar vagamente las noticias de los días previos a tu dolor de tripa. Si, ya te acuerdas. La pandemia que venía de China. Ya está aquí. Pero ¿cómo no van a dejar que mi mujer venga a verme? No puede ser, José. Normas del hospital.

Te quedas solo de nuevo en tu cubículo. Las dudas y los miedos empiezan a abarrotarlo. Se abalanzan sobre ti uno tras otro. Y pesan mucho. Están el miedo a morirte sin ver a tu mujer, sin jugar nunca más con tu nieta, sin volver a acariciar a tu perro.  A esos, que ya son enormes, se les une el miedo al contagio por el dichoso virus. ¡Qué llegaste de Madrid la semana pasada!

No lo puedes soportar. Tienes que salir de allí. Tienes que volver a casa con Tere, con Ariadna, con Luna. Tratas de levantarte. Te arrancas varios cables. Unas sirenas empiezan a pitar sin parar. Te aturden. La habitación se llena de repente de gente desconocida, con las caras cubiertas, que empiezan a moverse con nerviosismo. Y luego, todo negro. No más ruido, no más miedos. Te dormimos.

Cuando vuelves a despertar, se repite la misma historia, solo que ahora estás atado y te hablamos cómo si hubieras infringido la ley. José, tiene que estar tranquilo. Si no, no podemos soltarle. Joder, qué pesadilla, piensas mientras asientes levemente con la cabeza, como un niño al que riñen por una travesura. Enseguida entran de nuevo en tu habitación, para quedarse contigo, todos los temores y las incertidumbres.

Pasan días en los que te dicen que tu cuerpo está mejorando, pero tu alma no para de llorar. Es demasiado doloroso. Prefieres que te vuelvan a dormir a estar allí tan solo y asustado. Nosotros tratamos de consolarte, pero no podemos sustituir a tus seres queridos. No llegamos ni a rozar la superficie de tu piel con nuestras explicaciones bienintencionadas. Tampoco tenemos mucho tiempo. También estamos asustados, aunque tratemos de disimularlo. Lo notas y te preguntas ¿me estarán diciendo la verdad?

 Desde tu cama de la UCI ves por la tele cómo aplauden a los pacientes de Covid que se van de alta a la planta. En sus caras, los estigmas de los mismos miedos que tú has sentido. Pero a ti nadie te va a aplaudir. Tú y tu vesícula no son mediáticos. Paciente no Covid te llamamos, como si ahora solo existiesen dos tipos de pacientes, cuando todos son iguales, personas que necesitan de nuestro conocimiento, nuestro apoyo y nuestra humanidad para superar una enfermedad o para estar acompañados en su última despedida.

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2 comentarios en «Ser no-Covid en tiempos de Covid»

  1. Estoy anonadado por tu visión y descripción del antes, ahora y después del que pudiera ser un contagiado de Covid. Sus dudas, su estupor y perplejidad. Un entorno temeroso y hostil. Su soledad y sentimiento de abandono. Es tan real y filmográfico el relato, no por que no me hubiera informado o imaginado, pero es que me hace vivir la situación.
    Gracias, de nuevo, como te las día por HIJAS DE LA BRUMA.

    Carlos Díaz

    Responder
    • De vez en cuando siento la necesidad de plasmar la que yo imagino que es la experiencia de los pacientes con los que convivo durante mi actividad profesional en el hospital. Esta nueva enfermedad nos ha obligado a vivir muchas experiencias nuevas a las que muchas veces no sabemos cómo responder, ya sea como pacientes, ya sea como sanitarios. Muchas gracias por tu comentario.

      Responder

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